La escritura creativa no consiste solamente en tener buenas ideas, sino consiste en que esas ideas podamos modificar de cierta manera para que el lector pueda ver, pueda sentir, pueda imaginar y quiera seguir leyendo lo que hemos escrito. Una historia comienza con una buena idea. La escritura convierte esa idea en una experiencia. ¿Cuántos de ustedes tienen historias que alguna vez quisieron escribir O escucharon una historia y dijeron, esta historia es digna para ponerla en un libro. Pues esta es la idea del taller de escritura, poder transformar una idea en una historia y que esta historia pueda ser leída. ¿Qué nos gusta tener miedo? Porque el miedo despierta nuestra imaginación, nos obliga a hacernos preguntas, ¿qué está pasando? ¿Quién está ahí? ¿Por qué ocurrió esto? ¿Qué va a suceder después? Todo esto hace que una historia sea buena y queramos leerla de principio a final, que nos enganchemos con la historia. Pero ¿cuál es la paradoja del miedo? Sabemos que estamos seguros, pero queremos sentir esta emoción del peligro. Eso es parte del poder del terror. El terror no es solo un monstruo como nosotros lo hemos imaginado. El terror puede ser sobrenatural, puede estar en las cosas extrañas que se nos presentan, en las cosas que no entendemos. Un terror psicológico, ese terror que viene desde nuestro subconsciente, lo que nosotros creemos que es y no puede ser. ¿Un terror cotidiano, algo a lo que estamos nosotros expuestos diariamente? La violencia, por ejemplo, la inseguridad. ¿Un terror corporal, que nuestro cuerpo sea modificado de alguna manera? ¿Un terror a la vejez? ¿Un de que algo pueda salir de nuestro cuerpo? ¿El terror social? ¿El terror a ser indagados, a ser expuestos ante la mirada de otro, al ser juzgados? Un terror cósmico, lo vemos por muy encima de lo que somos nosotros? ¿Es algo que nos desborda, que no comprendemos de lo que está ahí? El terror folclórico, este terror que ha sido insertado en las familias mediante la tradición oral, mediante las leyendas, personajes típicos que en las niñez nos atemorizaron. Y este ese terror, estos tipos de terror tienen algo en común cuando algo altera la normalidad, la normalidad en la casa, en la familia, en el cuerpo, en un recuerdo, de pronto algo no encaja, algo a lo que estábamos acostumbrados a que era normal. Pero ¿por qué escribir terror hoy? ¿Sí? Nuestros miedos también cuentan historias, y nosotros tenemos la suerte de contar con este medio latinoamericano, donde tenemos un enorme imaginario, mitos, leyendas, historia, realidad cotidiana, y este bagaje con el que nosotros hemos vivido diariamente, podemos insertar con nuestras vivencias propias y crear una fórmula del terror que ha funcionado y está funcionando actualmente, lo extraño, lo cotidiano y lo nuestro, ¿sí? El miedo no solamente habla de monstruos, el miedo puede hablar de familia, violencia, cuerpo, muerte, y autores latinoamericanos, Mariana Enríquez, Samantha Schweblin, Mónica Ojeda, han demostrado que el horror puede ser contemporáneo y profundamente latinoamericano. Es el terror que ahora nosotros estamos experimentando mediante su literatura. Y aquí aparece una pregunta para el futuro escritor. ¿Qué miedo de mi realidad puedo convertir en una historia? Este es el reto. ¿Qué idea me está rondando en la cabeza a la cual yo puedo darle forma y convertirla en una historia? Para esto, nosotros utilizaremos ciertas herramientas que nos va a convertir la idea primaria en una historia digna de ser leída. Y 1º partimos de la creación de los personajes. Antes de nosotros crear nuestro monstruo particular, de la forma que sea, en nuestra historia, 1º debemos crear un personaje que nos importe, que le importe al lector. Este personaje debe tener un deseo. ¿Qué quiere nuestro personaje? Miedo, ¿a qué le teme? Un secreto, ¿qué oculta? Y algo que perder, ¿ocurrirá si es que fracasa? El miedo funciona cuando hay algo que está en juego. La 2º herramienta, vamos a crear una atmósfera atrapante. No digas que un lugar da miedo, haz que el lector quiera salir corriendo de ahí. ¿Cómo lo logras? La atmósfera se construye mediante lo que nosotros hacemos escuchar al lector en nuestra escritura, mediante texturas, mediante olores, temperatura, luz, espacios, y sobre todo los detalles. Si en nuestra atmósfera creada mencionamos que hay un clavo en la pared, quiere decir que al final de la historia ese clavo va a una función específica. No necesitamos describir, por ejemplo, toda una casa, a veces basta con el reloj de la sala, llevaba años detenido. ¿Qué nos dice eso? ¿Qué nos muestra en nuestra imaginación? Y es importante tomar en cuenta que el escenario también puede ser un personaje importante para el desarrollo de la historia. La 3º herramienta que vamos a manejar es el diálogo y suspenso. Lo más importante de de una conversación puede ser lo que nadie dice. En una historia de terror, el silencio es fundamental, dice más lo que no se dice que lo que se dice. Un buen diálogo no está ahí para explicar la historia. Un diálogo ayuda a que la historia cobre cierta cierto dinamismo, ¿sí? Un buen diálogo hace que la historia avance al ritmo que queremos darle, según lo que los personajes nos muestren, nos cuenten. Cada personaje quiere algo y muchas veces oculta algo, y ahí está el suspenso, en lo que no se dice, en lo que se dosifica. El escritor controla lo que el lector sabe, y ese es el superpoder de un escritor, porque también controla lo que todavía no sabe nuestro lector. Por ejemplo, en esta imagen de Gin, nosotros podríamos decir, el personaje encontró a su madre sentada en la cama. Aquí no hay un terror, pero si la siguiente línea dice, su madre, que había muerto hace un año, entonces, ahí vamos dando la forma que queremos darle. Y la 4º herramienta para trabajar en las historias es mostrar en lugar de esto es sumamente importante, porque nosotros podemos contar y decir que María estaba aterrada. Perfecto, es la idea principal. Pero ¿qué pasa si en vez de contar decimos, María intentó cerrar la puerta? La llave resbaló 2 veces entre sus dedos. ¿Qué estamos mostrando? En el 2º ejemplo, María tiene miedo, y nunca lo dijimos. Pero el lector lo vio, lo vivió. En su imaginación ya supo cómo resbalaban las llaves de la mano de María. El lector no quiere que le expliquemos la historia, él quiere vivirla de 1º mano. Y ahí está el éxito de muchas historias de terror, en la que hace que el corazón nos palpite, nos se nos acelere, porque la historia tiene ese poder. Ahora, a todo esto, ¿tú quieres escribir una historia que el lector no pueda soltar? Creo que ese es el reto que todo escritor desea con sus. El terror no consiste en llenar una página llena de monstruos, llena de lugares escabrosos, consiste en crear una pregunta y hacer que el lector necesite descubrir esa respuesta. Crea necesidad de saber qué va a pasar. Consiste en saber qué mostrar, qué ocultar, cuándo revelar y cuándo hacer esperar, y sobre todo encontrar tu propia forma de contar. Porque las historias tienen una fórmula básica, pueden tener un inicio, pueden tener un nudo y un final, pero el estilo que cada escritor va descubriendo mientras desarrolla su escritura, su escritura, eso es único, eso es irrepetible. Y es así como en nuestro taller de escritura creativa de terror vamos a hacer que desde la idea inicial se desarrolle una historia que pueda servir de ser contada.